un nuevo enfoque para ayudar a personas con demencia

Durante mucho tiempo, atar a una persona fue visto como una medida de protección en situaciones de cuidados. Sin embargo, hoy se reconoce que esta práctica limita la libertad de movimiento y atenta contra la dignidad de la persona. Además, no soluciona los problemas que busca prevenir y, en muchos casos, puede generar más complicaciones y riesgos.

En los últimos años, ha surgido un cambio importante en el ámbito de la gerontología. Se está dejando atrás un enfoque que se centraba en contener conductas problemáticas mediante la restricción, para adoptar uno que pone a la persona en el centro. Este nuevo modelo busca entender a cada individuo en su singularidad, considerando su historia, preferencias y capacidades. La idea es promover la autonomía y ajustar el entorno a sus necesidades reales.

Gastón Ríos, Gerente Institucional de la residencia Manantial, comenta que las sujeciones suelen aparecer cuando no se comprenden las necesidades de la persona. A menudo, cuando alguien se muestra inquieto o resistente, puede estar expresando un dolor, miedo o simplemente la falta de estímulos que lo incentiven.

El rol del ambiente y la vida cotidiana

Las demencias pueden alterar la percepción que una persona tiene del entorno que la rodea. Por eso, un buen ambiente puede ser tanto un aliado como un desencadenante de situaciones difíciles. Un espacio adecuadamente diseñado puede fomentar la autonomía, evitar riesgos y propiciar la interacción con lo seguro, disminuyendo así la ansiedad, desorientación y cambios de comportamiento.

Por eso, en residencias que trabajan con demencias, es fundamental adaptar el entorno físico y social. Esto significa ofrecer apoyos personalizados que ayuden a las personas a orientarse y participar en actividades, prolongando sus capacidades el mayor tiempo posible. Ríos afirma que cuando el entorno está bien diseñado, muchas de las conductas problemáticas tienden a desaparecer.

Mara Maslavski, del Programa Desatar al Anciano de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, menciona que más del 80% de los residentes logran mantener o incluso mejorar su funcionalidad en actividades diarias gracias a intervenciones adecuadas. Diferentes estudios muestran que ajustar el entorno y personalizar el cuidado impacta directamente en la reducción de la dependencia, promoviendo mayor autonomía y participación en la cotidianidad.

Comprender antes que controlar

La gerontología también propone una nueva forma de ver lo que se conocen como “trastornos conductuales”. En lugar de considerarlos problemas a controlar, la idea es entender qué necesidad está detrás de estas conductas. Muchas veces, estas reacciones surgen cuando el ambiente no acompaña o las rutinas se quiebran.

Ríos enfatiza que el objetivo no es que las personas se adapten a la institución, sino que el cuidado se adapte a las personas. Cuando se trabaja desde la comprensión, muchas de estas conductas dejan de ser un desafío.

Why do restraints still exist?

Las sujeciones suelen usarse bajo la creencia equivocada de que inmovilizar a una persona la mantiene a salvo. En el día a día, a menudo se recurre a ellas para prevenir caídas o manejar situaciones complicadas. No obstante, la evidencia muestra que estos problemas pueden solucionarse de otras maneras, sin necesidad de atar.

Qué podemos hacer en casa: estrategias concretas

El enfoque de la Residencia Manantial se puede aplicar, con algunas adaptaciones, en los hogares donde se cuida a personas con deterioro cognitivo.

Para prevenir caídas y crear un entorno más seguro:

  • Usar camas que sean bajas o ajustables.
  • Evitar barandas que puedan generar accidentes o intentos de escape.
  • Quitar obstáculos como alfombras sueltas o muebles que dificulten el movimiento.
  • Promover la circulación segura en espacios controlados.
  • Mejorar la iluminación y proporcionar señales visuales que faciliten la orientación.

Para abordar trastornos conductuales sin utilizar sujeciones:

  • Respetar la historia de vida de la persona, manteniendo rutinas y horarios.
  • Explicar cada acción con anticipación, especialmente durante actividades íntimas como el baño.
  • Cambiar la forma en que se realizan los cuidados, siendo pacientes, verbalizando acciones y evitando movimientos bruscos que puedan generar rechazo.
  • Ofrecer actividades significativas que estimulen la funcionalidad y reduzcan la inquietud.
  • Interpretar las conductas como una forma de comunicación, en lugar de problemas a eliminar.
  • Priorizar soluciones no farmacológicas antes de recurrir a la medicación.

No se trata de implementar todo de una vez, sino de aproximarse a situaciones que hoy se ven como problemáticas desde un nuevo ángulo.

Un modelo que transforma el cuidado

El cuidado sin sujeciones no depende solo de técnicas clínicas, sino que requiere formación, trabajo en equipo y una cultura que valore la dignidad por encima de la comodidad. Desde la gestión, la calidad del cuidado es resultado de decisiones organizativas, la formación de los equipos y el lugar que ocupa la persona en el proceso decisional.

Cuando una institución o una familia decide cuidar sin sujeciones, no solo está cambiando una práctica; está transformando su percepción del cuidado. Y este cambio empieza por una simple pero profunda idea: ver a la persona antes que su diagnóstico.

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